Y también, importado desde el anterior blog, aquí llegan: Las historias de final abrupto
Siempre me ha gustado Santiago en esta época del año, lo echaba mucho de menos. – Dijo Juan
Pues sí. Y este verano está siendo muy agradable además. – le constetó Xurxo.
Xurxo y Juan estaban sentados frente a la catedral de Santiago de Compostela. Corría el año 1934. Juan acababa de volver a España, tras haber estado viviendo en Londres los últimos 15 años de su vida. Acababa de terminar sus estudios de arqueología y quería volver a su tierra natal antes de comenzar la gran investigación que le haría famoso.
-Oye, Xur, tengo que contarte en que ando metido, es algo impresionante, y a pesar de que últimamente sólo nos hemos leído, sigues siendo mi mejor amigo. – le dijo Juan.
- Cuéntame, soy todo oídos.
- Verás, alguien me ha hecho llegar un paquete, con numerosas pistas, que podrían llevarme a descubrir la Atlántida. Tengo que viajar hasta Al Hillah, en Irak… La clave está en los jardines colgantes… Quizá esté sólo a unos días del descubrimiento más importante de la historia de la arqueología.
- Impresionante… Tú conoces a ese, el que descubrió los jardines ¿no?
- Sí, le conocí en 1920… Gran tipo, pero lamentablemente lleva muerto casi 10 años ya. Me hubiese encantado poder pedirle consejo para esto.
- Vaya, lo siento.
- No te preocupes, Xur. Me voy a ir a descansar, la semana que viene voy tener un viaje muy intenso.
- No hay problema. Yo también estoy cansado. Suerte, espero tener noticias tuyas pronto.
Una semana después, Jorge ya estaba en Iraq, en las ruinas de los jardines colgantes. Había dejado en la ciudad a su equipo, pues consideraba que con él sólo se bastaría para las exploraciones que allí tenía que hacer. Sacó de su bandolera de cuero la extraña piedra azul que le habían hecho llegar en Londres, llena de inscripciones, y el papel en que las había comenzado a resolver. Había una escalinata, a la que sus inscripciones hacían referencia. En concreto, hacían referencia a otra inscripción y a una forma que había en uno de los escalones. Jorge se acercó hasta allí, la rozó con las yemas de sus dedos, al mismo tiempo que en la otra mano sujetaba la piedra azul, y todo comenzó a iluminarse con un poderoso brillo blanco cegador.
Cuando jorge recobró el conocimiento, seguía allí, en los jardines colgantes. Pero algo había cambiado, ya no estaba en las ruinas de los jardines colgantes. Estaba en la época en la que los jardines colgantes estaban en su máximo esplendor… Había vuelto atrás en el tiempo. Y en seguida comprendió que debía seguir con mucho sigilo, los jardines estaban prohibidos para “el pueblo”, sólo podían entrar unos pocos, y evidentemente, él no estaba entre esos pocos. Además, sus vestimentas de explorador no eran nada adecuadas para aquella época…
No veía a nadie cerca, y estaba atardeciendo. La construcción de los jardines era inmensa, había un montón de columnas de mármol blanco, y una inmensidad de plantas de todo tipo. Se adentró, con cuidado de no hacer ruido ni llamar la atención, en los jardines, siguiendo las indicaciones que había logrado descifrar. Entonces llegó a una pequeña plaza con una fuente en medio de los jardines, dónde estaban reunidas 4 personas, haciendo una especie de ritual en un extraño idioma que Juan no comprendía.
Mientras Juan observaba la conversación, un insecto de feroz aspecto, similar a un mosquito pero de color verde, se posó sobre su mano. Cómo en un acto reflejo, Juan lo mató con su otra mano, haciendo un ruido que llamó la atención de los que allí se reunían, que lo vieron, y gritaron una extraña palabra señalándole… Juan trató de dar la vuelta y escapar, pero a su espalda se encontró con un soldado babilónico, que le rebanó la cabeza de un mandoblazo.
FIN
Publicado por CartDestr