Jul 17
Por fin, tras tanto tiempo, allí estaba. La arena de la playa se metía entre los dedos de mis pies, una sensación que hasta ahora sólo había podido imaginar. Ante mis ojos, por primera vez, el océano. Tras 30 años viviendo en el interior, por fin había podido hacer una escapadita y conocer, por fin, el Atlántico. Tocar con mis pies descalzos una de esas arenosas playas de las que tanto había oído hablar, y que sin embargo, jamás había visitado.

Todo era hermoso, como en un sueño. El piar de los pájaros, sobrevolando la playa. El bullicio de la gente… Todos esos sonidos se mezclaban entre sí, hasta que uno más fuerte comenzó a sonar sobre todos los demás. El sonido del despertador que, cruel, me llevaba de vuelta a mi realidad. Afortunadamente, esta vez, era la última vez que escuchaba a aquel maldito instrumento antes de mis vacaciones, vacaciones que me llevarían a esa playa de ensueño por fin. Estaba feliz, estaba contento de empezar mi último día de trabajo antes de mis largas y merecidas vacaciones.

Estaba feliz de camino a la oficina, brincando por las calles. Estaba feliz mientras trabajaba, y feliz en mí camino de vuelta. La felicidad era tal que la jornada se me pasó volando. Estaba feliz mientras cruzaba en un paso de cebra, feliz escuchando el motor del coche que segundos después no frenaría a tiempo y me haría volar 6 metros antes de estamparme contra el suelo; haciendo que dejase de ser feliz, me quedase sin playa, y demostrase que una historia con narrador protagonista no implica la supervivencia del mismo.

Publicado por CartDestr

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